jueves, 31 de diciembre de 2015

Dos mil dieci algo....

Sigo sin poder oler el mar cada mañana, sigo con la misma rutina de siempre y estoy cansada. Veo a la gente feliz y yo a veces lo soy, pero luego pienso ¿por qué? ¿Qué le debemos al mundo, a la vida, al tiempo, que nos debemos a nosotros mismos?
Hoy he abierto los ojos y de repente me he dado cuenta de que mi infancia hace siglos que acabó, que mi adolescencia se está esfumando y que estoy entrando en una etapa que no se acabará en muchos años, o eso me parece ahora. Cómo puede ser que hayan pasado todas esas cosas que tanto he querido que llegaran, que tanto he imaginado y que tanto he escrito sobre ellas. Cómo puede ser que ahora las tenga que contar en pasado y que vea como mi hermana o mis primas pequeñas están viviendo, si ayer esa era mi vida.
¿He vivido bien mi vida? ¿La he disfrutado todo lo que podía? No lo sé y me da la sensación de que no, de que me he dejado mil cosas por vivir y que ya no voy a poder vivirlas igual. Intento no dejarme nada por vivir porque ya no sé en que etapa estoy o en que etapa debería estar.
Este es un sentimiento continuo, diario, pero que ignoro y olvido. Es únicamente en días como hoy, en el último día del año, en que me doy cuenta de lo rápido que nos consumimos.
El tiempo pasa tan rápido que me da miedo. Ayer estaba entrando en el instituto, conociendo a los que serían mis amigos y compañeros; el otro día me gradué, sí, dejé atrás a muchas de esas personas que el instituto me había dado, cumplí los 18, esos que pasas años soñando que lleguen y cuando los tienes se esfuman, se van tan rápido que por mucho que lo intentes no los disfrutas. Hoy se acaba el que puede que haya sido uno de los mejores años de mi vida. Han pasado cosas buenas, otras geniales y alguna un poco mala pero sin duda ha sido el año. En menos de tres meses he pasado de ser una estudiante de segundo de bachiller que creía saberlo casi todo, que se sentía dueña de su vida, de su ciudad, a una estudiante de Universidad que no sabe nada, que día a día se sorprende de las cosas nuevas que ve y descubre. Una estudiante que ha medio cambiado de ciudad, que ha conocido gente tan diferente a ella que la sorprenden a cada segundo. Una estudiante que intenta estudiar y le resulta extraordinariamente difícil. Me he convertido en una estudiante asustada.
No me arrepiento de la gente que se ha ido en estos últimos meses, no me arrepiento de haber conocido a una nueva parte de mi corazón tan distinta como impresionante, no me arrepiento de las personas que se han quedado, pero sobre todo no me arrepiento, absolutamente nada, de haber abierto tanto mi mente, corazón y alma a la persona. Lo que si que estoy es sorprendida de que La persona no se haya ido corriendo cuando ha tenido oportunidad, que todavía esté a mi lado y siga haciéndome sentir como el primer día que la vi.
Estoy creciendo tan rápido que tengo miedo, miedo de no vivir suficiente, de no disfrutar cada segundo. Tengo miedo de este día, que no me gusta y cada año menos, porque cuando se acaba todo vuelve a empezar pero todo es diferente. Tengo miedo de estos doce meses que vienen, de volver a cumplir años, de abandonar para siempre mis queridos 18, a los que echaré demasiado de menos.

T.

No hay comentarios:

Publicar un comentario