lunes, 5 de octubre de 2015

Rutina

Es un día de lluvia, de calor insoportable. Ha sonado el despertador y mis sueños se han borrado. El agua caliente caía sobre mi mientras intentaba parar el tiempo que tan rápido pasaba. Con la toalla a modo de peplo griego y mi pelo mojado empezándose a rizar he corrido hacia la cocina. Las noticias sonaban de fondo.
Mi casa ha empezado a oler a café recién hecho, y yo, con prisa, he empezado ha vestirme. Las medias rozaban mi piel suave, el sujetador me apretaba un poco pero acabo acostumbrándome, el vestido se desliza por mi cuerpo como si fuera seda y me siento bien. Enciendo la música, no me apetece escuchar malas noticias a las seis de la mañana, y el modo aleatorio de Spotify me regala a Yann Tiersen. En ese momento me pongo a pensar en todo lo que esa pieza de música me ha hecho vivir, y no sobrevivir. Sonrío. Cierro los ojos y me pongo a bailar en mi habitación, se me para el tiempo, el mundo es mío y después de mucho tiempo soy feliz. Mis malos años desaparecen y solo imagino mis momentos cuando vivía en el cielo. Pero se acaba y vuelvo a la realidad que tampoco está tan mal, hay café. Cada rincón de mi casa huele a ese brebaje. Lo pongo en mi termo. Poco tiempo me queda ya, así que acabo de ponerme color en los labios, cojo la mochila, el café y salgo corriendo de casa mientras me como una tostada. Corro. Llego a la estación, tan tranquila y llena de vida aún con la luna en lo más alto del cielo. Elijo mi asiento favorito del tren. Empieza a subir gente, estudiantes que siguen la misma rutina que yo, trabajadores, familias que empiezan sus vacaciones.
Yo, como cada día, me coloco mis auriculares, saco mi libro y empiezo a beber café. La gente trabaja con su portátil, lee, duerme, se queja de esa fatigosa rutina y otros simplemente están en silencio, mirando por la ventana o con la mirada perdida.
Me gusta ver como empieza a brillar el sol y se refleja en el mar. Me gusta ponerle cada día una banda sonora diferente que me haga sonreír. Creo historias en mi mente de la gente que veo a través del tren o imagino las vidas de mis compañeros de viaje, pero todas acaban igual. Con esa voz que dice: Pròxima parada València-Cabanyal.

T.

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