jueves, 1 de mayo de 2014

Amigos.

Millones de personas en el mundo y yo me pregunto todos los días por qué he tenido que acabar aquí, justo en esta parte, con esta gente.
¿Cómo puedo describir la amistad? Creo que no puedo. Por mucho que piense palabras y las intente juntar para crear una definición, lo único que me viene a la mente son las caras de mis amigos. Pero no puedo describir la amistad con sus fotos porque vosotros no podéis sentir lo que siento yo por ellos.
Puedo decir que no son muchos, en verdad creo que amigos de verdad solo tengo... tres. Sí, me paro a pensar porque tengo amigos de muchos tipos y hay algunos que se aproximas hasta los de verdad pero que no llegan a serlo.

Esas personas con las que puedes compartir cualquier cosa, hacer el imbécil y hablar de temas serios, confesarles tus pensamientos más personales, reír con ellos y de ellos, llorar sobre su hombro consolándote mientras tú le manchas su camiseta favorita con tus lágrimas. Aquellos que puedes estar sin verlos, por muchos motivos, algún tiempo y llorar al volverlos a encontrar. O los ves todos los días y al encontrarlos por la calle parece que haya pasado tanto tiempo que os ponéis a abrazaros por la calle chillando de emoción, mientras el resto del mundo os observa y cree que sois unas pavas o estáis locas, pero lo que esa gente no sabe es el amor que hay en ese abrazo, en esas lágrimas, en esos chillidos. Porque la amistad es un reflejo involuntario, sucede y punto, no puedes evitarlo.
Porque todo eso y muchas más cosas son las que hacen que merezca la pena luchar por alguien, porque sabes que ellos lo harán por ti. Sí, esas personas, tus amigos.

T.

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